Sobre la ideología de la no-discriminación (3)

Dios odia a los maricas. La muerte de maricas hace Dios reír.
 

QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN (3º Parte)

QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN

Original de Juan Carlos Monedero

3. La palabra «matrimonio»

¿Por qué buscan que se admita a la unión que ellos fomentan bajo el término matrimonio? ¿Acaso no podría pensarse o inventarse otra palabra? ¿No les basta hacer lo que quieren, al margen de todo código moral? ¿Es que necesitan un reconocimiento público y oficial de que su comportamiento no choca con nada?.
Lo anterior es cierto, nadie es indiferente al qué dirán. Pero además de esto, que podría ser motivo de observaciones psicológicas, está la cuestión objetiva, el fondo y verdadero fin de la ideología de la no discriminación: el vaciamiento del significado de las palabras, para obtener deliberadamente la ruptura de la capacidad del discernimiento en las inteligencias.
Todo este discutido proyecto gira en torno a DOS PALABRAS. Nada más que eso: hombre y mujer por «contrayentes». La pugna invencible entre estas dos posturas absolutamente antitéticas tiene como eje la disputa de los términos.
Las expresiones vertidas por María José Lubertino, tal como reseñó el boletín Notivida el 9 de noviembre de 2009, facilitan comprender la importancia de esta palabra.
Ella “destacó que al Plan Nacional contra la Discriminación adhirieron 21 provincias y que ese Plan tiene un acápite que contempla la no discriminación por orientación sexual; en este acápite, dijo, está la unión de homosexuales, aunque no prevé que sea «matrimonio», denominación que ella considera «sustantiva»”.
Aquí, sustantivadebe entenderse como no negociable, como objetivo principal, el cual –de no lograrse– implicaría la derrota. En el mismo sentido, Antonio Poveda (Presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de España) dijo:
“Tiene que ser matrimonio, lo contrario es discriminatorio” 6.
También Felipe Solá vertió confusión y claridad, según se mire, al respecto:
“Esta palabra, matrimonio, que tiene un valor prohibitivo en el caso de hoy, para hombres y mujeres de buena voluntad que están acá y que no quieren (que se siga) discriminando a nadie, es justamente la palabra que significa la igualdad de derechos para aquellos que no eligieron su sexo, que son homosexuales y que quieren poder casarse”.
Así continúa: “La palabra matrimonio es la única que ellos sienten que les devuelve el derecho pleno; ya que no hay igualdad social ni económica por lo menos ellos piden igualdad legal”. Y entonces remata:
“La palabra matrimonio, que en su origen significa (función) de madre, función de madre, no ser madre, función de madre, y es importante destacarlo, es una traba por su adopción por las iglesias; es una enorme traba para muchos”.
Lo esencial es advertir la importancia de discutir por el vocablo, manifestado explícitamente:
“Quiero decir también, señor presidente, que las palabras tienen valor, tienen un enorme
valor; se dice que cuantas más palabras conocemos mayor cantidad de imágenes mentales
podemos tener, y por lo tanto más amplio puede ser nuestro pensamiento” 7.
Ahora veamos por qué buscan apropiarse de esta denominación y lograr la cobertura legal de las uniones homosexuales al amparo de únicamente este vocablo y no de otro.
¿Es tan importante la palabra matrimonio? ¿No son acaso cuestiones de palabras, pero no de cosas? ¿No podría valer lo mismo cualquier otra palabra? ¿Acaso nosotros estamos discutiendo palabras? ¿Es tan decisivo?
Absolutamente.
Tanto por el fundamento que la palabra tiene como por el interés de los enemigos, no pasa inadvertido el control de los signos, entre ellos la palabra. Por algo quitaron el honroso nombre de Hugo Wast de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional; no inútilmente el progresismo rechaza hablar con las palabras propias del combate paulino. Tampoco es casual que la FIFA haya prohibido a los deportistas hacerse la señal de la Cruz. Todos estos signos –y la palabra, como dijimos, es tal– remiten a las cosas y cada uno contiene, en sí mismo, una capacidad de influir directa sobre las mentes:
“Esta vía de influencia mental es tan real y tan profunda, que ha podido decirse que quien posea el arte de manejar las palabras poseerá la de manejar los espíritus. Su influencia será cada vez mayor a medida que las generaciones nazcan ya en el seno de un lenguaje manipulado y «dialectizado»”8.
Continuará…

6 Ambas citas extractadas de http://www.notivida.org/, Boletín 634, Año IX, 9 de noviembre de 2009.
7 http://www.felipesola.com.ar/nota203_discurso-en-la-sesion-por-el-matrimonio-gay.html. Visto el 23 de junio de 2010.
8 Rafael Gambra. El lenguaje y los mitos, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2001, págs. 23-24.
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