Sobre la ideología de la no-discriminación (5)

Contra la ideología de la “no-discriminación”. Por la Verdad y Justicia. ¡Religión ó Muerte!
22 agosto, 2012 |

“Qué hay detrás de… (V)”: Calculadas imprecisiones verbales

5. Calculadas imprecisiones verbales

Otra forma de confusión consiste en el uso de calculadas imprecisiones a la hora de hablar. Existen muchísimos actos humanos cuya valoración es incompleta si los consideramos aisladamente, debiendo recibir una especificación, un contenido que nos remita a su fin y, de ese modo, que los vuelva plausibles de admitir una calificación moral.
Estos actos humanos, que pueden ser tanto buenos como malos, son –entre otros– discriminar, ejercer la libertad, comportarse auténticamente, ser sincero con las opiniones propias, hablar con franqueza, etc.
Inmediatamente que se pronuncia la palabra discriminación, debemos preguntar: ¿Qué es lo que se discrimina? Se discrimina algo pero ¿respecto de qué? ¿Por qué, con qué argumentos?
Sería ciego condenar toda discriminación sin escuchar las razones del discriminador: podrían ser legítimas18 .
Cuando nos hablen de libertad, de inmediato preguntemos para deshacer todo eventual copamiento demagógico: ¿Libertad para qué? ¿Con qué fin? Supóngase que se nos insta a comportarnos auténticamente, reflexionemos: ¿Estoy realmente en la verdad, y por consiguiente mi autenticidad será respecto de lo verdadero? ¿O tal vez me halle en el error, y de ser así practicar la autenticidad sería perjudicial?
Ser sincero con las opiniones propias ¿es en sí mismo positivo? ¿O depende de cuáles y cómo sean estas opiniones? ¿Da lo mismo ser sincero con una opinión correcta, que con una falsa? Muchos defienden así a Ernesto Guevara Lynch. La ideología del resentimiento para la cual sirvió y sus asesinatos pasan a un segundo plano.
Hablar con franqueza de lo propio, ¿hace que aquello de lo cual hablamos sea verdadero? ¿O acaso uno no puede decir –con absoluta franqueza– un error grande como una casa?

“La sinceridad no es la verdad. La intención más recta y la voluntad más firme no pueden hacer que lo que es no sea”19 .

Notemos el efecto que tiene la vaguedad y la imprecisión de las palabras en la confusión de las inteligencias: mucho peor que las mentiras. Cabe poner la atención en el detallado análisis de Correa de Oliveira sobre la palabra-talismán:

“La palabra-talismán radicalizada se resiste a explicitar su sentido. En efecto, su gran fuerza está en la emoción que provoca. La explicitación atrayendo hacia ella la atención analítica de quien la usa o de quien la oye, perturbaría e impediría ipso facto la fruición sensible e imaginativa del vocablo. La palabra-talismán, manteniendo obstinadamente implícito su significado, continúa siendo vehículo y escondrijo de su reciente contenido emocional”20 .

La palabra discriminación se vuelve una «palabra-talismán». Pocos advierten que su uso no involucraba injusticia ni desprecio alguno respecto del detalle en la entrega de los papeles del sueldo, por citar un ejemplo.
La ideología de la no discriminación omite y se desentiende deliberadamentede las cuestiones principales, la verdad y justicia del acto discriminatorio. No se quiere distinguir nada al descalificarla.
Los sofistas modernos manipulan y manosean las emociones más puras, confundiendo deliberadamente actitudes de injusticia y desprecio con discriminación, valiéndose de los nobles sentimientos de las personas. Sentimientos que luego serán desvirtuados sin escrúpulos:

“Diríase que el sujeto, al utilizar una palabra, sufre una especie de fascinación ante ella: la absorbe pasivamente y recibe sin poder evitarlo los efectos psicológicos de la significación que le entrega. Su acción sobre el subconsciente es directa, profunda y estimulante. La palabra introduce por su solo empleo esquemas de pensamiento que el sujeto adopta aún sin darse cuenta”21 .

La verdad de las cosas es el norte, la brújula, la guía de estos actos humanos y la que hace posible una calificación moral. Poco vale franqueza, sinceridad y autenticidad sin verdad. Nada vale la libertad para el mal, ni tampoco discriminación injusta. Si la justicia es sinónimo de la verdad, si al “hacer justicia” tratamos a las cosas “conforme a la verdad”, lo decisivo para juzgar la validez o invalidez de la discriminación no es ella misma como tal, sino algo distinto de ella: lo que las cosas son, la verdad del mundo que será objeto de discriminación.
Así las cosas, debe desenmascararse el sofisma central de esta ideología, que consiste en desvincular el acto de su objeto, para condenar de forma anticipada e inapelable el acto mismo, aunque la discriminación reciba su calificación moral según su objeto y motivo.
Discriminar, en sí mismo, no es malo. Es el acto de la inteligencia por el cual distingue una cosa de otra. Sólo puede incomodar la discriminación a quienes no quieren que se distinga.
18 Remitimos a nuestro amable lector a otro trabajo nuestro titulado El lenguaje es discriminatorio: ¿y qué?, del cual sólo queremos reproducir estas líneas relativas al término “discriminación”: “Discriminar es distinguir. Y confundir es lo contrario de distinguir. Por ende, no discriminar –como machaconamente se nos insiste– equivale a confundir. La bandera de la no discriminación es la bandera de la confusión. Guste o no, es así. Sólo en una segunda acepción –tal como registra la Real Academia Española– discriminar significa “Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.”. Y esto sería discriminar injustamente; lo que especifica a la discriminación como reprobable es su injusticia. Hoy padecemos la deliberada hipertrofia de la segunda acepción de esta palabra, que ha desplazado su sentido propio y exacto”.
19 Charles Maurras. Mis ideas políticas…, ídem, pág. 88.
20 Plinio Correa de Oliveira. Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. Traducido al español por el Consejo de Redacción de “CRUZADA”, Buenos Aires, 1966, pág. 29.
21 Juan Milet, citado por Rafael Gambra. El lenguaje…, ídem, pág. 21.
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25 agosto, 2012 |

“Qué hay detrás…”: Los verdaderos motivos de la ideología de la no discriminación (VI)

6. Los verdaderos motivos de la ideología de la no discriminación

Aquellos que defienden y fomentan la ideología de la no discriminación, están interesados en que no haya luz.
Veremos por qué.
Si lograran hacernos creer que no hay línea divisoria entre la naturaleza y la contranaturaleza, entonces “tendrían derecho” a hacer de sus vidas lo que se les antoje, pues el día que las leyes y el sentido común enmudezcan para llamar las cosas por su nombre, sólo quedará la amonestación interna de su propia conciencia –si es que no la han matado aún–, pero ninguna externa. Ellos buscan eliminar toda referencia que los interpele. Como el judío del cuento chestertoniano que odiaba las cruces –rompiendo a su paso todo lo que tuviera la forma del madero de salvación– la ideología homosexualista no tolera ningún vestigio de la realidad que siquiera tangencialmente juzgue sus acciones. El odio a la Verdad los mueve.

“Estoy a favor de este proyecto y creo que debemos hacer un esfuerzo para animarnos a una vida de placer, de libertad, y no encapsular a la familia como una célula reproductora. Si permitimos la unión entre dos personas del mismo sexo, ¿por qué no permitir la unión de tres personas? Y si yo tengo una relación con un perro y el perro está de acuerdo, ¿por qué no?”22 .

El odio a la Verdad, realmente difícil de concebir, es sin embargo registrado por Santo Tomás de Aquino: “una verdad particular puede repugnar o ser contraria al bien amado de tres maneras”. Y luego desarrollará las distinciones del caso:

“Una, en cuanto que la verdad está causal y originariamente en las cosas mismas. Y de esta manera odia el hombre a veces una verdad en cuanto que quisiera que no fuese verdadero lo que es verdadero. Otra, en cuanto que la verdad está en el conocimiento del mismo hombre, la cual impide la prosecución de lo amado. Como si algunos no quisieran conocer la verdad de la fe para pecar libremente, de los cuales dice Job 21,14: No queremos el conocimiento de tus caminos. De otra manera se tiene odio a la verdad particular, como contraria, en cuanto está en el entendimiento de otro. Por ejemplo, cuando uno quiere permanecer oculto en el pecado, odia que alguien conozca la verdad acerca de su pecado”23 .

El misterio del pecado original nos mueve a aceptar esta dramática posibilidad. De ahí la importancia de que siempre haya una voz que proclame la Verdad:

“Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida»”24 .

¿Qué hay detrás, entonces, de la ideología de la no discriminación?
El odio a la luz.
La luz es diferenciadora. La luz distingue. La luz marca el límite, marca la definición.
Definir significa marcar el fin, el límite, la línea y el contorno de las cosas: “A partir de aquí esto es, a partir de allí esto no es”. La definición implica un “sí” tanto como implica un “no”. El lenguaje es naturalmente una definición, pues para hacernos entender debemos decir algunos sí y muchos no.
En nuestro caso, la luz a la cual nos referimos es la luz de la inteligencia, logos participado en el hombre, que remite al Logos Imparticipado del que habla el comienzo del Evangelio según San Juan.
Pero para obrar el mal sin amonestaciones ni alarmas a su conducta, es necesario que los hombres se quiten los ojos. Para quitarse los ojos deben negar el hábito diferenciador de la inteligencia: la facultad del discernimiento. Sólo así ejecutarán sus crímenes en completa oscuridad, ya sin amonestaciones ni límites que los incomoden. El ladrón y el asesino se refugian en las tinieblas de la noche.
22 http://ncn.com.ar/08/noticiad.php?n=6452&sec=2&ssec=51&s=noticiad . Visto el 27 de junio de 2010.
23 I-II, q. 29, art. 5, corpus.
24 Ezequiel 33, 7-9.
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QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN (7º Parte)

QUÉ HAY DETRÁS DE LA IDEOLOGÍA DE LA NO DISCRIMINACIÓN

Por Juan Carlos Monedero
7. Todo lo que existe merece perecer.
La heterosexualidad es lo natural, la homosexualidad lo antinatural. Esto es así y ningún artilugio semántico o lingüístico puede disimular el hecho de que la complementariedad entre los órganos sexuales masculino
y femenino no es convencional, no es arbitraria, no es histórica, no es fruto de un contrato entre sociedades, ni de construcciones culturales. Esta complementariedad, “vinculación”, “adaptación” de una función a su facultad, tampoco es convencional, tampoco puede ser fruto de decisiones humanas, ni es sujeta a los cambios del tiempo, ni es fruto de diversas estructuras de pensamiento de cada sociedad.
¿Y con qué palabra designamos a lo que ni es convencional, ni arbitrario, ni histórico ni fruto de la sociedad? ¿Con qué palabra designamos a lo que no está sujeto a la voluntad ni a los contratos ni a las estructuras de pensamiento del hombre?
Con la palabra “naturaleza”.
¿Esto es “discriminación”? Sí, pues es distinción.
Discriminación justa.
¿Esto debe ser penado por la ley, como pretende la ideología que nos agobia?
No, porque es la verdad.
De ahí que no basta el ser heterosexuales para obrar correctamente, así como no basta simplemente sostener la verdad. La verdad tiene un carácter excluyente con el error, y del mismo modo la heterosexualidad debe tener un carácter excluyente de los comportamientos que van contra la naturaleza humana.
Predicar la verdad y condenar el error.
Practicar la naturaleza y reprobar la sodomía.
Es necesario predicar la buena, sana y santa intolerancia de la verdad para con el error, de lo bueno para con lo malo, de lo bello para con lo feo y, finalmente, de los comportamientos ordenados, en la línea y en el deseo del plan de Dios, para con los comportamientos y acciones desordenadas, que atentan contra el Orden Natural y el Sobrenatural:
“¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas…!”[20].
Si la ideología antidiscriminatoria tiene entre sus principales preocupaciones la manipulación y el manoseo del lenguaje, señal es que es precisamente aquí en donde nosotros debemos librar la batalla de restaurar el noble y luminoso significado de las palabras.
Los ideólogos que enfrentamos no tienen razones; tienen objetivos. Le han declarado la guerra a lo que existe, juzgándolo únicamente digno de perecer. ¿Tan mal podemos pensar de estas personas? ¿No serán sólo dulces ovejas equivocadas, como muchas veces se nos quiere hacer creer? Leamos lo que ellos mismos dicen:
“Luchar por el matrimonio del mismo sexo y sus beneficios y entonces, una vez garantizado, redefinir la institución del matrimonio completamente, pedir el derecho de casarse no como una forma de adherirse a los códigos morales de la sociedad sino de desbancar un mito y alterar radicalmente una institución arcaica. […] La acción más subversiva que pueden emprender los gays y lesbianas […] es transformar por completo la noción de familia”[21].
Agradecemos la frontalidad expositiva de esta inescrupulosa alma. Por su parte, Alison Jagger –autora de diversos libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en universidades norteamericanas– revela claramente su hostilidad frente a la familia, como abanderada de la ideología feminista que representa:
“El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal. En vez de ésto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural[22].
Los mismos que piden el seudo matrimonio entre homosexuales hoy son los que pidieron el divorcio ayer, como por ejemplo Cecilia Merchán –a favor del proyecto– quien “aclaró que nunca se casó, que tiene una hija grande pero «no le interesa el matrimonio»” (Notivida, boletín N° 681). No es más que una utilización pragmática del amor matrimonial, a fines de adulterarlo, corromperlo y destruirlo.
La explicación a esta furia destructora del hombre está más allá de hombre. El misterio enmarca la miseria ideológica. Así lo describe Donoso Cortés:
“Entre la verdad y la razón humana, después de la prevaricación del hombre, ha puesto Dios una repugnancia inmortal y una repulsión invencible”.
El hombre, soberbio, caído luego del pecado original, no tolera otra soberanía “sino la suya propia”. Por eso “cuando la verdad se pone delante de sus ojos, luego al punto comienza por negarla; y negarla es afirmarse a sí propio en calidad de soberano independiente”. Su corazón está ciego para la humildad, llegando a pensar que “si cede” y admite que no es perfecto, pierde. Por eso se empeña tercamente en combatir todo aquello que lo limite:
“Si no puede negarla (la verdad), entra en combate con ella, y combatiéndola combate por su soberanía. Si la vence, la crucifica; si es vencido, huye; huyendo cree huir de su servidumbre, y crucificándola cree crucificar a su tirano”.
Víctima y victimario al mismo tiempo en este sistema de negaciones, absolutamente demencial, el hombre es capaz de sostener sin razones cualquier cosa contra la razón: “entre la razón humana y lo absurdo hay una afinidad secreta, un parentesco estrechísimo; el pecado los ha unido con el vínculo de un indisoluble matrimonio”. Estamos nada menos que ante el misterio de la prevaricación humana:
“Lo absurdo triunfa del hombre, cabalmente porque está desnudo de todo derecho anterior y superior a la razón humana. El hombre acepta cabalmente, porque viene desnudo, porque careciendo de derecho no tiene pretensiones; su voluntad le acepta, porque es hijo de su entendimiento, y el entendimiento se complace en él, porque es su propio hijo, su propio verbo; porque es testimonio vivo de su potencia creadora: en el acto de su creación el hombre es a manera de Dios, y se llama Dios a sí propio”.
Si Dios Padre genera desde toda la Eternidad al Hijo, pronunciándolo eternamente; si el Logos, Cristo, es el Verbo de Dios; burlescamente, el hombre engendrará su propio vástago, la nada, una nada hija del hombre y bastarda, reacia a integrar la realidad.
En última instancia, la soberbia humana reclama el cumplimiento de las palabras de la Serpiente. La tentación de endiosarse es la única tentación:
“¿Qué importa que el otro sea el Dios de la verdad, si él es el Dios de lo absurdo?”[23].
[20] Isaías 5, 20.
[21] Michael Signorile, activista homosexual y escritor, citado en Crisis Magazine, 8 de enero de 2004.
[22] Alison Jagger, “Political Philosophies of Womens Liberation”, Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co., Totowa, New Jersey, 1977, pág. 13. Los subrayados son nuestros.
[23] Juan Donoso Cortés. Ensayo sobre Catolicismo, liberalismo y socialismo, Obras escogidas, Buenos Aires, Poblet, 1943, págs. 528-529.
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